4.4. Soledad, Libertad e Independencia Emocional de Los Demás

4.4. Soledad, Libertad e Independencia Emocional de Los Demás

Tal vez, el no ser entendido, incluso por las personas más cercanas, ha sido un destino que te ha acompañado toda la vida. Por ese y otros motivos —tal como no encajar en un sistema social corrupto siendo y sintiéndote un bicho raro— has debido aguantar el rechazo y la incomprensión de los demás, o has debido depender emocionalmente de lo que otros pensaban fuese lo más correcto para ti. Eso no es dicho. 

Siempre por una creencia inculcada, se cree que cuando vives con alguien se debe considerar o, peor, se debe tener el ‘permiso’ de esa persona para tomar decisiones. En muchos casos, eso significa que deber suprimir tus gustos, emociones o las necesidades que tienes, sacándote lo que llamo la sal de la vida, la alegría, la emoción, y el gusto de hacer lo que tu Ser te dicta. 

Aunque es de suma importancia mantener una convivencia agradable, benevolente y armoniosa con los demás, tampoco puedes darles el poder de influenciar tus decisiones a nivel personal. Si lo haces, habrá un choque —o desarmonía— entre tu mundo interior y el mundo exterior. En la mayoría de los casos, depender significa entregar tu libertad —o parte de ella— para que otros decidan por ti.

Gracias a la soledad sutil no permanente o aislada del mundo, desarrollas una enorme confianza en ti mismo. Tus prácticas espirituales en la soledad y en la reflexión profunda, te enseñan que eres completo en ti mismo —y no media naranja de nadie— y así ya no aceptas presiones o programaciones de los demás sobre cómo debes vivir tu vida, ni necesitas su aprobación para actuar en lo que sabes es moral y correcto. Ya no debes aceptar lo que te aburre y que antes cumplías por obligación o pena, tal como tener personas tóxicas en tu vida o no actuar como tu consciencia te dictaba, o sentirte incómodo por el juicio de los demás.

Cuando te liberas del miedo al juicio ajeno, cuando ya no dependes emocionalmente de nadie, sientes el deseo de regresar a la simplicidad, a ti mismo y de aislarte por un tiempo para regresar a Dios.

Así, moviéndote al sonido y ritmo de tu música y misión de vida, ya no aceptas seguir la música de los demás y actúas, desapegado de los resultados de tus acciones, sin dejarte condicionar por nadie.

Cuando estás en El Camino y abrazas la soledad como una buena compañera, cuando más entiendes quién eres, porque existes y que todo es el UNO, la caricia del Infinito tocará tu corazón, el aliento de la sabiduría te envolverá, y por fin, seguro que los demás son tú, los aceptarás con Amor como tus hermanos y hermanas en Él. 

Sabes cuando la soledad te alivia, cuando sientes paz, cuando eres completo en ti mismo, cuando ya no necesitas a los demás para su aprobación o compañía, cuando andas pleno y no buscas que alguien llene tu vacío, cuando ya no debes explotar ni usar a nadie, cuando sabes ir adentro de tu alma y ya ningún miedo o juicio pueden asustarte, cuando el silencio se vuelve la más dulce canción, y lo sabes, ya puedes dar todos tus dones a los demás, que todavía andan hambrientos de un amor verdadero y puro.

Sé espontáneo, verdadero y vulnerable. Sin miedo, expresa tus sentimientos benevolentes y tu admiración y amor hacia ellos.

Disfrutando de tu Soledad

Cuando estás solo, ya no debes negociar con nadie, y eres tú quién decide cómo quieres regular tu vida y tu entorno. Por ejemplo, arreglar los muebles, qué cuadro colgar y dónde, escoger el color de las paredes, estar en silencio cuando lo deseas, seguir tus horarios, frecuentar con quien quieres o quien más te agrada, comer lo que quieres y cuando quieres, a qué hora acostarte o levantarte, disfrutar los momentos de introversión y todo lo que define tu vida o tu libertad personal, sin inhibiciones, deseos o presión ajena. 

Ya no debes probar nada a nadie, así como no necesitas desesperarte para tener una salida con los amigos un sábado en la noche o un fin de semana. Si quieres entretenerte, eres tú quien decides cuándo y cómo, y nadie más. Tú decides eso. 

Además, cuando estás solo no puedes sentir celos, ni puedes ser traicionado o molestado de ninguna manera. Al final, solamente tu compañía puede darte la seguridad de hacer lo que realmente quieres hacer, sin el temor de que alguien te juzgue o critique. Así mismo, no hay peleas, discusiones, violencia, malentendidos o choques de ningún tipo.

 

Lo que acabas de leer es solo una pequeña parte de qué es la soledad. En la página principal dedicada a este tema podrás comprender mejor cómo entenderla y vencerla, y a su vez cómo usarla a tu favor y disfrutarla.

Lee el próximo artículo de esta serie: 4.5. Cuatro Secretos de la Felicidad: ¿Cómo estar siempre bien, sea Solo o con los Demás?

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