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La Norma y su Responsabilidad

Imagina tener emociones fuertes en un mundo donde otros no se sienten como tú, donde nadie se pone tan triste o celosa, ni se ríe tanto de la alegría y felicidad. Tú misma sientes que cada célula de tu cuerpo se llena de rabia al presenciar la injusticia, lagrimeas al ver el amor tierno de una perra por su cachorro, te emocionas al pensar en las maravillas de la creación y lloras por la soledad de un pensionado. Te sientes animada y viva con cada emoción que existe, que calienta la sangre que corre por tus venas y que hace latir tu corazón. Sin embargo, eres la minoría y el resto de la sociedad no se siente, no baila ni vuela como tú.

Te dicen regularmente que eres demasiado emocional y demasiado sensible, que debes mantener la calma y no involucrarte tan personalmente. Si no acatas el consejo y en cambio continúas con los altibajos, las lágrimas y las alegrías que trae, te dicen que lo estás haciendo mal.

Aunque aparentemente exagerada, ésta es la dinámica básica de lo que sucede cuando la «norma» – definida por lo que es normal solo para una sección particular de la sociedad – es la vara de medir para todos, a la que se espera que todos se ajusten, independientemente de su naturaleza inherente.

Esto es lo que se desarrolla a diario para muchas mujeres que no ocultan sus características intrínsecas (¡y la fuerza potencial!) de sentimentalismo.
Pregúntale a una mujer si alguna vez se le ha llamado demasiado emocional y / o demasiado sensible y un «SÍ» sincero será la respuesta.

En un escenario común, un hombre podría decirme: «No entiendo, ¿por qué tienes que ser tan emocional y sentimental? ¿Por qué tienes que reaccionar tan fuertemente? Y la lista podría continuar: ¿Por qué tienes tanta necesidad de hablar? ¿Por qué necesitas compartir tanto? Él podría concluir: «No te entiendo». «No entiendo tus estados de ánimo». Y … «¡No tiene sentido!»

Y sí, tiene razón, no comprende, y de hecho, ni siquiera es su culpa. Sin embargo, seamos claros en una cosa; que él no me entienda, no quiere decir que estoy equivocada. No significa que mis sentimientos, mis maneras y mis palabras sean menos válidos que los suyos ni que yo sea menos que él. Simplemente significa que ÉL no me entiende y para cambiar eso, la clave está en SU entendimiento, no en mi comportamiento.

Ni siquiera es culpa suya si se tiene en cuenta que «el privilegio es invisible para quienes lo tienen», como dijo Michael Kimmel y el que representa la norma en verdad es privilegiado, ya que sus costumbres, creencias y maneras no son cuestionados hasta el cansancio sino que son aceptados como la guía para que todos los demás sigan y aspiren. Como su manera de hacer las cosas es la norma, no es retado sobre lo que cree que es la (única) forma correcta, haciéndolo ciego a las alternativas que son igualmente verdaderas y válidas, pero simplemente no de corriente principal y tampoco ciertamente las suyas.
Imagina que mi sentimentalismo sería la norma y el escenario común sería decirle a un hombre: «¡No seas tan insensible, muestra más emoción!» ¿No sería interesante?

Yo digo que la clave está en SU entendimiento, porque mantener o representar la norma implica una mayor responsabilidad de comprender a los demás e incluirlos.
Cuando comprende la realidad y ya no está ciego a su privilegio y a cómo define el mundo y divide a las personas, siendo la norma él tiene el poder para expandir la periferia de lo normal. Él tiene el poder de incluir los “casos apartes» mediante la ampliación de la norma aceptada, en lugar de un “caso aparte» tratando de encajar en la versión estrecha, renunciando a su autenticidad sobre la marcha.

Sin embargo, ese poder que tiene solo se puede aplicar una vez que él entienda, y ahí, mis hermanas, tenemos un gran papel que desempeñar. Ayudémoslo a entender, ayudémoslo a ver su privilegio y a quitar las anteojeras con la paciencia y la compasión que pueda necesitar.

No hay otra manera de avanzar hacia un mundo más inclusivo que tomar el camino de despertar conciencia, crear entendimiento, la construcción de puentes y el esfuerzo colectivo.

Tomemos, todos juntos, ese camino; valdrá la pena el esfuerzo. Todo un mundo diverso lleno de nuevos colores, sentimientos y experiencias nos está esperando, y su belleza sobrepasará nuestros sueños más locos.

 

PD Podría haber escrito lo mismo en términos de raza, sexualidad, religión, etc. en lugar de género. Cada vez cuando un grupo dominante define lo normal y el resto se espera el ajuste, perdemos las contribuciones y la alegría de la diversidad que define a nuestra sociedad.

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